Presente
Montebello, un lugar marcado por su historia minera y rural
Flashback: el declive

Ecos de la resistencia: memoria de las luchas comunitarias
Primeras manifestaciones
El 6 de junio de 1996, el periódico El Tiempo capturó la creciente preocupación ambiental en una nota que rezaba: "A la quebrada El Chocho, diez kilómetros de agua que circunda la zona rural de Cali, le llegó la hora de que no lo contaminen más”. Estas palabras resonaron como un llamado urgente a la acción colectiva, y desencadenaron las primeras movilizaciones sociales en defensa de un ecosistema amenazado.
La quebrada El Chocho, vital para las comunidades de Montebello y aledañas, enfrentaba un deterioro alarmante. La tala indiscriminada de bosques, transformados en potreros para ganado, había reducido la cobertura vegetal, exponiendo la tierra a la erosión y alterando el equilibrio del paisaje. A esto se sumaban las actividades mineras en las carboneras, cuyos socavones liberaban aguas ácidas que teñían el cauce de contaminación, comprometiendo su calidad como recurso hídrico. La creciente demanda de agua para consumo humano añadía más presión sobre esta fuente natural, subrayando la urgencia de intervenir.
Las comunidades, conscientes de lo que estaba en juego, levantaron su voz en torno a demandas claras y contundentes: la protección del ecosistema de la quebrada mediante reforestación, el control estricto de actividades contaminantes y la regulación del uso del agua. Lo que comenzó como una preocupación local se convirtió en un movimiento que trascendía fronteras, reivindicando la importancia de preservar un recurso que no solo sostenía vidas humanas, sino también un frágil y preciado entorno natural.
Organizaciones comunitarias: Surgimiento y evolución
En mayo de 1996, ante la creciente crisis ambiental que amenazaba a la quebrada El Chocho, la comunidad empezó a actuar en pro de las quebradas de El Chocho y Bellavista con el acompañamiento de Manuel Salamanca presidente del comité de agua de Golondrinas y Juan Carlos González de la vereda de Campoalegre, un paso decisivo hacia la recuperación de este vital recurso. Este esfuerzo surgió un año antes del cierre legal de las actividades mineras en el sector, que habían contribuido en gran medida al deterioro del ecosistema. Para este fin se integraron representantes de corregimientos como Golondrinas, La Paz y Montebello, comunidades que dependían directamente del agua de El Chocho para su subsistencia.
El objetivo principal de era claro: recuperar la microcuenca de la quebrada y garantizar su sostenibilidad a largo plazo. Con este fin, se estableció un plan de acción que incluía una serie de estrategias para revertir los daños ocasionados por la deforestación y la contaminación. Se diseñó un cronograma para la reforestación, que contemplaba la adquisición de predios destinados a la plantación de especies nativas, además de la creación de un vivero para asegurar el suministro de plantas. Junto a esto, se promovieron prácticas sostenibles entre las comunidades locales, buscando no solo la preservación del medio ambiente, sino también el fortalecimiento de un modelo de desarrollo que respetara los recursos naturales.
Este esfuerzo de restauración ambiental fue precedido por una medida drástica pero necesaria: el cierre de las minas que operaban en la zona. Con este paso, se dio inicio a una nueva etapa de lucha por la recuperación de los ecosistemas afectados, demostrando que la acción colectiva podía generar cambios significativos en la protección del medio ambiente y en la vida de quienes dependían de él.
Las acciones comunitarias se complementaron con colaboraciones estratégicas, como:
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Autoridades ambientales: La Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) inició normativas para regular el uso del agua y promovió la reforestación de la microcuenca.
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Empresas responsables: Se exigió a las carboneras, como Elizondo, la instalación de plantas de tratamiento de aguas ácidas para reducir la contaminación.
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Comunidades vecinas: Los corregimientos mencionados unieron esfuerzos para abordar problemas comunes, demostrando la importancia de la cooperación intercomunitaria


Entre leyes y territorio: la evolución del marco legal
Legislación minera ¿Para qué sirve?
La legislación minera en Colombia ha sido un proceso de evolución constante, influenciado por una serie de factores históricos, económicos y políticos. A lo largo de las décadas, las leyes y reglamentos que han regulado la exploración y explotación de recursos minerales han variado considerablemente, adaptándose a las necesidades del momento y a las realidades del sector. La historia de la legislación minera en Colombia es esencial para identificar los errores cometidos, los logros alcanzados y las áreas que aún requieren atención.
Épocas anteriores a la Ley 685 de 2001: Antes de la promulgación del Código de Minas en 2001, la minería en Colombia estaba regulada por un conjunto de normas dispersas y frecuentemente contradictorias. Esta falta de una legislación minera coherente dificultaba el control de la actividad minera y la fiscalización de las operaciones, lo que a menudo resultaba en impactos negativos tanto para el medio ambiente como para las comunidades locales. Las autoridades enfrentaban serias dificultades para establecer una regulación clara que garantizara la “explotación responsable” de los recursos minerales.
Ley 685 de 2001 – Código de Minas: La promulgación de la Ley 685 de 2001 representó un punto de inflexión en la regulación minera en Colombia. Esta ley, conocida como el Código de Minas, constituyó un marco legal más completo y coherente, con el objetivo de regular de manera más eficaz la minería en el país. Introdujo conceptos clave como la licencia ambiental, que establece la necesidad de evaluar y mitigar los impactos ambientales de las actividades mineras, así como la participación de las comunidades en los proyectos mineros, un paso importante para garantizar que los habitantes de las zonas afectadas pudieran tener voz en las decisiones que los involucraban. También se incluyó la obligatoriedad de los planes de cierre de minas, un componente fundamental para asegurar que la actividad minera no dejara secuelas permanentes en los ecosistemas.
Reformas posteriores: Tras la implementación del Código de Minas, se han producido diversas reformas con el objetivo de actualizar y mejorar la legislación minera, respondiendo a las nuevas demandas del sector y a las crecientes preocupaciones ambientales. Estas reformas han abordado temas clave como la formalización de la minería, para combatir la minería ilegal, y la gestión ambiental, con un enfoque más estricto en la protección de los recursos naturales. Además, se ha continuado promoviendo la participación activa de las comunidades, asegurando que los pobladores afectados por las actividades mineras tengan un papel relevante en la toma de decisiones.
Normativa ambiental y vacíos legales: A lo largo del tiempo, la normativa ambiental también ha experimentado una evolución importante. Sin embargo, aún persisten vacíos legales y deficiencias en la regulación, que continúan generando desafíos para una adecuada gestión de los recursos naturales y la protección del medio ambiente. Muchos de estos vacíos han surgido debido a la dificultad de armonizar las políticas mineras con las normas ambientales, lo que a menudo deja espacio para la explotación irresponsable de los recursos.